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Mostrando entradas de marzo, 2019

20 de Marzo

Cerveza y algún cubata raro creía que lo había probado todo pero hoy he innovado, aun asi he vuelto a lo que era a lo que fui en el peor invierno cuando hizo más frío que nunca y mis manos se volvieron de un color violeta poco tranquilizador Me he maquillado para no salir, como siempre otra noche me acuesto sin saber quién soy dudando de quién quiero ser y de quién deberia si mis peores límites los pongo yo misma mientras la luna (más llena que yo) me mira con decepción y mi llanto llama su atención camuflada bajo un cielo que no la necesita No me mires asi lunita he hecho todo lo posible para salvarme compadécete de mi pena e ilumíname esta noche oscura

Domingos tristes es un pleonasmo

Es domingo y me he vuelto a perder en tu recuerdo ahogándome en cada canción grabada a fuego lento sobre una piel que esconde un alma ya nunca volverás a tocar  Mis lunares no quieren otros dedos ya tenían unos fríos como la nieve  que ahora cae sobre mis peores miedos, pero siempre acaban dando calor  Hace varios kilómetros  que consigo dormir por las noches y siempre estaré agradecida a Barna por sacarme de una guerra en la que no debería haber luchado porque nunca fue mía porque siempre estuviste roto pero no sería yo si no gastase  el último resquicio de esperanza dejándome la vida en ello me cuestiono más de lo que debería el por qué de autodestruirme conscientemente hoy creo que he conseguido darle respuesta  ninguno y todo porque siempre será la ilusión la que mantenga el mundo girando

Hombres lobo

Qué contraproducente me resulta a veces conseguir estar sola en un mundo que incita cada medianoche a sentirte acompañado por una felicidad redundantemente vacía. Quien está realmente solo no necesita esas mierdas porque desgarrarte el alma aullándole a la luna salva más mentes que cualquiera de vuestras vidas de mentira; meteroslas por el culo porque yo no me las creo. Sólo la soledad lava al alma (como gritó un tibetano de ojos verdes) irremediablemente, es la plenitud la que me quita el sueño cada noche, cuando me debato a vida o muerte si la llegaré a conseguir, pero al final siempre amanece, que no es poco, y me levanto cansada, de fingir algo que no soy únicamente por sentirme bien en un lugar en el que cada dos paradas de metro pongo en duda si quiero estar. Me remito a ti, soledad aún estás a tiempo de llegar sin avisar y salvarme de mi misma; nadie está vivo si no se siente vivo.